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miércoles, 23 de enero de 2013

México, el paraíso de los políticos


El inepto de Valdéz Zurita, con su sonrisita de "usted disculpe"
Pues como muchos saben, el IFE ya aceptó que, en efecto (como algunos locos venimos diciendo desde hace meses), el PRI sí cometió algunos delitos electorales. Lo acepta ahora que Peña Nieto ya está sentado cómodamente en la silla presidencial, y no hay forma legal de quitarlo. Ah, pero eso sí, que el PRI tiemble, porque le va a caer una multa millonaria. Con el pequeño detalle de que esa multa la van a pagar los ciudadanos que pagan impuestos (yo no, eso de pagar impuestos no se me da. Lo que pasa es que no me gusta que usen mi dinero para pendejadas... si de por sí tengo poco, caray). Y mientras el PRI paga y queda re contento (porque, digo, no va a tardar mucho en recuperar el dinero "perdido" por la multa. Cosa de robar un poquitín del presupuesto público, ni que no lo hubieran hecho ya por 70 años), nosotros con nuestra cara de idiotas. 

Ya mejor me entretengo en cosas más productivas que quejarme. Miren, pa que no anden diciendo que nomás hablamos mal de México y afectamos el turismo con tantas cifras de decapitados y pobres y mujeres muertas y esas cosas que seguro no pasan y son puros inventos de los mensos de izquierda, ahí les va un comercial que promueve la belleza de nuestra bonita nación:

Político o gobernante del mundo... ¿Cansado de que su pueblo no lo deje gobernar? ¿Harto de toda esa “democracia participativa” estúpida e inútil exigida por los ciudadanos de su país? ¿No pudo ganar la presidencia porque fue descalificado por hacer trampa?

No desespere, los creadores de “Democracia representativa moderna” (esa que ha funcionado tan bien en países como España o Grecia), le traemos la solución: ¡Visit Mexico! (así, en inglés, más caché). En México usted encontrará un paraíso para sus prácticas electorales fraudulentas. Sí, me escuchó bien, usted podrá usar tarjetas Monex para la compra de votos, infestar ciudades con espectaculares y basura, recibir aportaciones ilimitadas de anónimos, usar las televisoras a su favor, y un sinfín de trampas y argucias... ¡Y nadie evitará que usted llegue al poder para robar presupuesto como en kermesse!

Eso sí, quizá el IFE le ponga una multa millonaria a su partido; pero no se preocupe, para ese problema también tenemos respuesta: hemos desarrollado un sistema infalible para que los partidos políticos sean mantenidos por los impuestos de los contribuyentes; de esta forma, quienes terminarán pagando la multa serán en realidad los ciudadanos. Y lo mejor de todo: ¡los muy pendejos ni se van a quejar y le permitirán ser presidente! ¡Sí, aunque usted no lo crea!

(Ah, por cierto, si usted aún no cuenta con partido político, no se preocupe, en cuestión de un día puede registrarlo, para así vivir de viajar por el país besando bebés y dando discursos multitudinarios). Como puede ver, ¡lo tenemos todo all figured out!

Así que, político o gobernante del mundo: ¡Bienvenido a México!

*No aplica restricciones.

Mi twittter: @SidyAsi


miércoles, 1 de agosto de 2012

Sobre el asunto de John Ackerman y Luis Cárdenas

Hoy en la mañana muchas personas nos enteramos de la renuncia de John Ackerman a su participación en la segunda emisión de MVS Noticias, suceso que me resultó un tanto extraordinario, no por la reputación de John Ackerman, sino porque este tipo de sucesos se puede esperar de cadenas televisivas como Televisa o TV Azteca, las cuales son ahora conocidas y señaladas por su manera de manipular la información, pero de un medio como MVS Noticias resulta simplemente sorprendente.

Para los que no estén enterados, se los explico de manera muy simple: el periodista John Ackerman renunció al espacio que tenía en el programa donde el titular es Luis Cárdenas López, periodista conocido por su trayectoria en MVS y por sus aportaciones independientes en Youtube con el canal NoticiasDigital.

El motivo que Ackerman da para su salida de MVS es la censura que dicho medio hasta ahora supuestamente ejerció sobre el periodista, exponiendo sus puntos de vista en esta carta abierta dirigida a Joaquín Vargas:

martes, 31 de julio de 2012

El País de la Democracia. Parte I


Democracy is the freedom to elect our own dictators

Hagamos un ejercicio de imaginación, uno muy simple. Imaginemos —no nos pongamos fronteras— que existe un país donde por muchos años ha gobernado un dictador. Eventualmente empieza una inevitable revolución y el tirano renuncia. Los líderes de la revolución toman el poder, y declaran el país una nación democrática. Pasan los años, la nueva nación democrática empieza apenas a estabilizarse y los revolucionarios deciden que para encaminar mejor al país, para llevarlo hacia el horizonte del progreso con mayor facilidad, ellos deben continuar en el poder, nadie más. No es una idea descabellada ni maligna, las grandes empresas así se manejan y, si revisamos la historia, un prócer indígena que llegó a presidente había puesto en práctica ya la reelección indefinida (hasta su muerte); sin embargo, los líderes revolucionarios han establecido ya la democracia y no quieren parecer incongruentes. Así que, después de pensar y discutir, encuentran una solución perfecta e inventan un sistema ideal: un proceso en el cual, como en todos los gobiernos democráticos, el pueblo elige a su gobernante a través de votos, pero con una pequeña imprecisión: quienes están en el poder —los antes revolucionarios— son quienes eligen a los candidatos, nadie más puede escogerlos. Y le dicen a la población: “elijan al que gusten de estos dos o tres, ahí está su democracia. No pueden proponer otro candidato, no pueden postularse como candidatos, no pueden participar en el proceso para elegir al candidato. Pero tienen el derecho a votar, ¿no es eso democracia?”. La población compra la idea; cree que vive en una democracia porque cada seis años “elige” a sus gobernantes. Aunque los candidatos sean exclusivamente miembros del grupo de poder existente, y no de la ciudadanía. Y con los ciudadanos satisfechos, los dirigentes por fin pueden repartir el botín entre pocos, gastarlo en yates y hoteles lujosos en el extranjero, pasearse en limosinas y beber champaña en el desayuno.



Ahí no termina todo. El tiempo pasa —casi 70 años—, y algunos ciudadanos comienzan a darse cuenta de que la democracia es una farsa. De que los revolucionarios se pervirtieron y se convirtieron en representantes de una nueva dictadura más avanzada, más estudiada, más metódica y precisa, y, por lo tanto, mucho mejor disfrazada. Una dictadura que funciona, además, en colusión con los acaudalados, con los mafiosos, con los medios masivos, con los que deciden cómo y a dónde mover el dinero; todos juntos forman una máquina de mando bestial, insaciable e impenetrable. Los ciudadanos que se dan cuenta de esto y empiezan a levantar la voz sufren destinos distintos: algunos —obviamente— son “eliminados”. Otros son cautivados por los medios, que protegen inteligentemente al gobierno. Otros, los más afortunados, sobreviven y fundan nuevos partidos políticos (así es como se le llamó a los grupos de poder), partidos que actúan desde la ciudadanía. Lo que estos fundadores, ingenuamente, no comprenden, es que el sistema ha crecido tanto y de manera tan descontrolada, que posee una fuerza de atracción imposible de esquivar, un vigor de aspiradora gigante y maldita, que encima está hambrienta; lo que empezó siendo una iniciativa auténticamente ciudadana de pronto se convierte en parte del juego, en parte del sistema dictatorial. Los nuevos partidos son hechizados por el poder y quedan atrapados en la telaraña inmensa del autoritarismo. Pero la araña que aquí reside no se alimenta de ellos —y es quizá esto lo que la hace más peligrosa—, antes bien los invita a formar parte del sistema; qué digo los invita, los seduce con una maestría de mujer fatal: los beneficios son inconcebibles y todavía queda espacio, todavía hay huesos que repartir. A todo aquel que se niega se le desecha o desaparece; a todo aquel que acepta se le pone en un puesto público, se le recicla por aquí y por allá, primero en tal secretaría, luego en tal curul plurinominal del congreso, luego en tal ayuntamiento. Y el ciclo se repite, la “democracia” vuelve a triunfar y los ciudadanos vuelven a apaciguarse, hipnotizados por esta ilusión de democracia renovada, de proceso con diversidad, con opciones distintas. El sistema se regenera y se vuelve todavía más perfecto, es una dictadura no sólo justificada, sino aceptada bajo el pseudónimo y eufemismo de “Democracia”. Nadie se preocupa por quién está detrás, por quién ostenta el poder. La mayoría de los ciudadanos creen, o peor, saben, que el poder en verdad está en sus propias manos, en manos del pueblo. Qué comodidad, por rayar una boletita cada tres o seis años ya se gobierna. Qué fácil es gobernar, se puede hacer sin interrumpir nuestro programa favorito de tv, sin dejar de comprar en los centros comerciales, sin atrasar la hora de sueño; es que los ciudadanos se duermen antes de las 11. Mañana tienen que levantarse temprano para ir a sentarse ocho horas frente a la computadora de un pequeño cubículo que no les pertenece. “Qué fácil es conducir toda una nación”, piensan con una sonrisa en la cara antes de apagar la luz y dormir.


¿Les suena conocido este país?

Mi twitter: @SidyAsi
Mi blog: El Universo Absurdo de Sid

lunes, 9 de julio de 2012

La importancia de la imagen internacional de nuestro país

En una conversación con una mujer que estuvo ahí durante los movimientos estudiantiles de 1968, ella me dijo "Si quieres saber verdaderamente la historia de México, lee a los historiadores extranjeros", y la razón por la que me lo dijo no es por malinchismo si no por una razón que trataré de explicar a continuación.

¿Alguna vez vieron en alguna película que señalen a México como un país pobre, corrupto, bananero, violento, o algo por el estilo?